miércoles 14 de abril de 2010

El ecuménico aullido del silencio

Es la hora...
está amaneciendo;
ahora empieza a circular el aire,
raro.

Hay una humedad que desde abajo se propaga,
roe.
Todos...
absolutamente todos -estoy seguro-
alguna vez le hemos oído,
percibido,
sentido;
el problema tiene que ver con el instante
y una probable falta de memoria a largo plazo,
o quizá porque acontece
justo en el clímax del sueño.

Pero -estoy plenamente convencido-
todos...
en algún momento de nuestra existencia
le hemos olido.

Pasa justo al cruzarse
el fin de la noche
con el primer segundo
del día contiguo.

Es como...
¡una llamarada!
¡una onomatopeya!
-¡Click!-
Resuena.
Ahora arde,
quema;
es como echar combustible
sobre una herida recién hecha.

Es...
¡como un incendio!

Pero no temas
aunque la noche esté repleta
de espíritus que danzan...
de ánimas que reptan.

Más, aún, no cierres los ojos,
no alteres el ritmo,
la música,
del corazón:
puede percibirlo,
escucharlo,
identificarlo.

No hagas que con tus pasos
cruja la madera.
No te des, jamás, la vuelta.

Desde esta soledad,
que es tan sólo un mundo,
aprende a aguzar el oído...

Llegará,
vendrá...
¡Pronto vendrá!
El ecuménico aullido del silencio...
el transversal alarido de la noche.
¡Quédate!
¡Quieto!

-¡Click!-

Ya ha echado un vistazo,
desde la ventana.
Sus ojos se impactaron con los tuyos.

Procura no temblar.
Sé fuerte...
tendrás,
incluso,
que aprender a hablar
contigo mismo.

Ahora sí...
puedes,
con tranquilidad,
tirar de ese gatillo.

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