jueves 6 de mayo de 2010


Naufragué en tu monte
¡Venus!

Las fauces de la noche
nos sorprendieron
incendiándonos.
Yo dentro de ti,
como un hijo,
como un alarido de fe.
Tú,
cabalgando
la vía láctea del cíclope,
el amargo laberinto
de mármoles
y ajedrezados.

Al pasar del norte al sur
la luna me arañó la espalda.

Endiosado por el incienso
de tu pelo
crucé sin barca
la espesa mar
de bronce.

Naufragué en tu monte
¡Venus!

Me perdí.

Perdí el oriente
siguiendo
la luz
emancipada
de tus córneas,
respirando,
bebiendo,
el azul elixir
que manaba
de tus pechos.

A cubierto
de toda indiscreción
comenzamos el ascenso
sólo para descubrir,
bajo la bóveda
celeste
cómo fulgura la vida…

y cómo trepida la muerte.


Aldebarán

A la orilla del sueño
marginal de aguas blandas
poderosos despojos
nos privaron entre columnas
nos ablucionaron entre sábanas.

El sueño estaba soñándonos
bajo la forma de un perro
el amor estuvo haciéndonos
creándonos ignotos.

Bajo la almohada
durmió el silencio
turbio
mezclado con la sangre.

Efímeras substancias
agujeros manantiales
pesadillas rancias
nuestros encierros inmortales.

Yo crecí dentro de un cuerpo
era lívido y liviano
era yo creciéndote por dentro
era mi carne entre tu carne anidando.

En aquella playa del sueño
sin faros,
a la deriva navegando,bajo el rojo Aldebarán de Tauro.



Garras para un réquiem

Al principio fue casi imperceptible,
como un susurro deslizándose por el mármol.
Como algún insecto despreciable
por el piso arrastrando sus quimeras.

El polvo no es más que polvo
pero algo encierra en su sombra
el retraso de los tiempos
caminan y cambian sobre su espalda.

Nos mareamos ante la publicidad de nuestros dioses.
¿O quién dicta los parámetros?
¿O quién atiende las bajas de sus guerras?

Últimamente la voz de dios
no es más que una pistola cargada.
Un target paradójicamente negro,
un coche-bomba consular.
La voz de dios ya no nos habla…
se han extinguido los profetas.

Hacia el servicio fúnebre
de nuestra lúgubre tristeza
acuden los unigénitos

a soterrar la coexistencia.

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