Al fragor de una batalla, nunca tuya, nunca nuestra, el odio acarició mi espalda.
Y el rigor incomprensible de un beso,
simple,
llano,
muerto beso,
advirtió la sequía, el orden, caos al fin, donde rompió como ola la esperanza.
Tú nunca fuiste así,
métrica,
táctica,
sólo precipicio.
Fondo innegable y ausencia.
Vienen de pronto,
caminan,
gimen,
pululan sin más voz ni llantos,
sin aquel peso de la sombra.
Sus pulmones han cambiado y hoy fuman, aspiran, integran, recuerdos.
Una mansa claridad,
un refugio,
artificio llamado voluntad.
Sin manos, ni labios, ni estertores
atraviesan el umbral,
acarician sin manos ni huesos oprimiendo la espalda.
Esa carga inexplicable otorga atisbos,
no es estrés laboral,
nunca lo fue.
Ahora los pasos conducen y esa cama, cual amante, espera.
Abiertas sus fauces de sueño…
Nos devora.



Sus pulmones han cambiado y hoy fuman, aspiran, integran, recuerdos. Me gusta el efecto ( ¿cuál es el nombre?) que logras en esta frase, es como el contrario de una elipsis, perdona mi ignorancia.
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