Tuve una noche muy larga:
media como tres kilómetros de insomnio
y dos pisos de sombras o fantasmas.
En la agonía de la almohada,
mientras fumaba el entresueño,
desenfundé la conciencia
y me puse a escudriñar el firmamento.
Nada.
Tuve una noche tan larga
que nunca hubo distancia,
ni en la preclara concepción de tu ombligo,
ni en la ausencia obligada de algún recuerdo.
Y tan largo fue el silencio
y tan generoso el olvido
que al llegar la luz del alba



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